Los niños son más vulnerables al ruido nocturno que los adultos: su canal auditivo, más estrecho, amplifica el sonido hasta 20 dB, y la OMS recomienda mantener el dormitorio por debajo de 30 dB(A) durante el sueño, un límite que el tráfico, un familiar que ronca o un perro que ladra superan con facilidad.
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